Feliz 2M a todos. A más de un siglo del nacimiento de Jorge Luis Borges, aún hallamos personas
que dudan de su talento. Se conocen, sí, algunos rasgos externos,
como el bastón y la ceguera. (Yo he escuchado a señoras hablar
de las manos de Borges, sin haberlo leído nunca). En Argentina se
está publicando una Historia Crítica de la Literatura Argentina, dirigida por Noé Jitrik:
básteme decir allí que existe un tomo exclusivo para Sarmiento,
otro para Macedonio Fernández y ninguno para Borges. Es conocido
en nuestro país el hambre de gloria literaria que existe: Piglia
quiere ser el mejor, y Saer, hasta Aira. Tanto Sabato como Bioy
Casares coquetearon con el Nobel... pero hay algo que une a todo el mundo
literario argentino e internacional y es que todos dicen Borges. No hay
conversación en que no aparezca, como invocado por algún
motivo. Esa adherencia de Borges a la memoria universal lo hace único
en nuestro país, acaso en el mundo. Harold Bloom existe pero existe más una momia que Bloom (Bang!). No hay
Canon superior al Canon borgiano. Este homenaje a Borges que brinda este
humildísimo lector es simplemente un eslabón natural
de su tiempo inmortal, otro pasadizo en el laberinto. (Pueden leer textos de Paolo Metrópoly en Metropolitan Site).